Troncos apilados en un monte situado en el término municipal de OiartzunLOS FORESTALISTAS HAN DEJADO DE CORTAR POR LA SOBREOFERTA GALA

El ciclón que azotó el Golfo de Bizkaia en enero arrasó más de 250.000 hectáreas de pinares en la costa francesa

Troncos apilados en un monte situado en el término municipal de Oiartzun. FOTO: AINARA GARCIA
AITOR ANUNCIBAY

DONOSTIA. Los propietarios de parcelas en Gipuzkoa con árboles dedicados a su explotación industrial esperaban con resignación el hundimiento del mercado de la madera desde que a finales de enero un ciclón azotó el Golfo de Bizkaia y arrasó más de 250.000 hectáreas de pinares en el departamento francés de Las Landas.

Y los bien fundamentados augurios se han cumplido, de tal forma que el excedente de madera llegada de la zona gala ha rebajado un 40% su precio y ha detenido por completo las ventas de los forestalistas guipuzcoanos. "No se está cortando madera; no hay mercado. Los landeses tienen que hacer ofertas para quitarse todos los árboles caídos y se ofertan a precios ridículos. Estamos en una crisis bestial porque el sector ya estaba mal antes de todo esto, el consumo era muy pequeño", afirma con rotundidad Fernando Otazua, director técnico de la Asociación de Propietarios Forestales de Gipuzkoa (Basoekin), que cuenta con 2.400 socios, de los que alrededor de 1.500 son baserritarras.

Esta agrupación estima que sus asociados vendieron el pasado año 250.000 metros cúbicos de madera producida en Gipuzkoa, que supusieron una facturación de 7,5 millones de euros.

Esto supone una considerable entrada de ingresos para miles de familias en el territorio pese a que el silvicultor "no vive del monte" si no que su actividad "es un complemento más".

DESASTRE
El efecto del devastador ciclón recuerda al ocurrido hace ahora diez años, cuando la tormenta Lothar derribó miles de pinos. El gobierno de la región aquitana calcula que aquel desastre provocó un stock de 1,2 millones de metros cúbicos de madera, aunque ahora el remanente se acercará a los 10 millones. "Esto ha sido el remate final", se lamenta Otazua.

El director técnico de Basoekin sitúa precisamente en el desastre de 1999 el inicio de la cuesta abajo para los silvicultores guipuzcoanos. La salida masiva al mercado de madera landesa trabó las ventas guipuzcoanas, lo que conllevó que los propietarios prefiriesen conservar los bosques de pino sin talarlos hasta el punto de que se redujeron un 50%.

Pero, según recuerda Otazua, el auge de la construcción demandaba madera y era capaz de absorber gran parte del exceso de oferta proveniente de Francia, lo que dejaba nicho de mercado para el resto. "Con todo, nos afectó", apostilla, el responsable de la asociación forestalista, quien agrega que la industria del embalaje también ha sido un sostén para la producción guipuzcoana.

Ya en los últimos meses, la crisis de la construcción ha introducido al sector en una situación preocupante.

Un ejemplo palpable de este declive se observa en la propia producción de madera guipuzcoana, que se ha reducido a más de la mitad desde 1999, cuando se pusieron a la venta 700.000 metros cúbicos de este material orgánico.

Gran parte de la producción se destinaba a la industria del mueble macizo de Cataluña, Valencia y Andalucía, destinada, mayoritariamente, a mobiliario infantil y juvenil, que creció a la sombra de la burbuja inmobiliaria. "Nos ha hecho mucho daño y sin duda ha provocado cambios en el sector del mueble", manifiesta Otazua.

La revalorización del euro frente al dólar también les perjudicó, ya que facilitó las importaciones masivas de muebles fabricados en países como China o Méjico.

Este hecho dañó las ventas de fabricantes vascos, que se surtían de madera producida en Euskadi a partir del pino insignis o radiata, especie mayoritaria en las parcelas cultivadas de Gipuzkoa.

El coordinador de Basoekin subraya la calidad de la madera vasca, de un blanco más intenso y cuya homogénea superficie se adapta bien a los trabajos de pintado y encolado.

Ante esta difícil situación, Otazua recuerda la importancia que el cultivo de árboles ha tenido en la reforestación de Gipuzkoa, cuya superficie en 1902 estaba cubierta en un 15% de masa boscosa, mientras que ahora alcanza el 60% del territorio.