El precio medio ronda los 150.000 euros y el plazo de entrega es de unos seis meses.

EL CORREO-18.04.10

Siguen siendo minoría, pero cada vez son más los vizcaínos que se cobijan en la madera. El 5% de las casas que se levantan cada año en el territorio -la crisis redujo a 2.135 el número de pisos que se empezaron a edificar en 2009, según el último informe de Ascobi- no se sustentan sobre las tradicionales estructuras de hormigón armado, sino sobre pilares y tableros fabricados, preferentemente, con pino radiata y abeto, según la asociación de empresarios de la madera del País Vasco.

Pese a tratarse de una técnica de edificación arraigada en los países nórdicos, Alemania y Japón, sigue sin despuntar en Euskadi. El simposio de arquitectura Egurtek celebrado esta semana en el BEC ha confirmado que España está «a la cola» en la utilización de la madera como elemento constructivo. Durante décadas las normativas técnicas españolas penalizaron su uso.

Además, son varias las razones que todavía echan para atrás a muchos vizcaínos a la hora de comprar estas viviendas. Oskar Azkarate, director comercial del grupo Holtza, reconoce que a estas edificaciones les acompaña una fama «absolutamente inmerecida». Confiesa que muchas personas «tienen demasiadas reticencias» al cuestionar su durabilidad y considerarlas «frías, poco seguras y muy peligrosas» en caso de incendio, «cuando es todo lo contrario», remarca.

Las nuevas tecnologías, sostienen los expertos, han mejorado las prestaciones de la madera. No sólo por su «compromiso con el medio ambiente», asegura Fernando Larraza, director de Precom, que comercializa en el norte de España las viviendas hechas por Honka, la empresa del ramo más importante de Finlandia. Mantienen las condiciones térmicas, moderan las fluctuaciones de humedad y aíslan frente al ruido. «Son garantía de resistencia y calidad», señalan los empresarios. Cuentan, además, con la ventaja de que su habilitación resulta sencilla y rápida, ya que la colocación de sistemas modulares garantiza «un montaje fácil», que no suele exceder de los cuatro días. Gracias a los aislamientos ecológicos, consumen también menos energía.

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