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El Senado aprobó por unanimidad una propuesta transaccional dirigida al Gobierno para solicitar la elaboración de una estrategia de mejora de la competitividad del sector forestal y de la madera.

La enmienda finalmente aprobada propone, entre otras medidas, incentivar y apoyar planes de ordenación y aprovechamiento de los Montes y sus recursos forestales que fomenten el mejor uso de los mismos, su ordenación, la agrupación de propietarios y cuantos objetivos sean necesarios para lograr un uso más sostenible de los montes. También apuesta por promocionar el uso de la madera como material de origen sostenible y reciclable.

En el Senado se señaló que el sector forestal se adscribe al Plan Integral de Política Industrial y se subrayó la importancia de las energías renovables apostando por unos bosques más limpios para el disfrute de los ciudadanos, unos bosques con menos riesgos de cara a los incendios y, al mismo tiempo, unos bosques que generen riqueza y energía autóctona aprovechable.

04/05/2011

Fuente: cesefor.com

Los borradores de la reforma de la Política Agraria Común prevén ayudas directas de hasta 400 euros por hectárea y año a los cultivos bioenergéticos.

La cara verde de la Política Agraria Común reflejará el giro hacia los cultivos de biomasa, de forma especial en los del tipo leñoso que ahora comienzan a establecerse sobre terrenos antes ocupados por la agricultura tradicional. La cara verde de la PAC aparece ya en los borradores que se elaboran en la reforma de criterios de ayudas e incentivos agrarios que regirán la intervención pública sobre el agro durante el próximo lustro, con una dotación económica que terminará por consagrar la alternativa de la producción bioenergética: se ha fijado como estimativo un incentivo que podrá llegar a los 400 euros por hectárea y año, ayuda directa, que termina por revestir de atractivo y rentable esta forma de trabajo agrícola. En la provincia de León se ha abierto ya una cuña de actividad en torno al sector primario que refleja expectativas impensables en el sector. Las promotoras trabajan desde hace año en hacer acopio de hectáreas para dar soporte durante las dos próximas décadas a la demanda de materia prima de las fábricas de generación energética que se han proyectado y que se ejecutan en estos momentos en la provincia.

Alrededor de 2.000 hectáreas de terreno agrícola están ya dedicadas a esta función productiva, que se sujeta en un modelo que tiene poco o nada que ver con el tradicional; incluido para los arredantarios de la propiedad que se va a dedicar a producir energía por biomasa. Se contrata por plazos medios que van entre los 17 y los 20 años, con condiciones con las que la agricultura tradicional no puede competir, por rendimientos principalmente.

La bendición económica de la PAC a los cultivos leñosos para aprovechamiento bioenergético -”que a lo largo de los tres próximos lustros van a aportar residuos forestales a las centrales de biomasa-” se sostiene por la función de respeto medioambiental y sostén de los protocolos de reducción de CO2 que compromete a los países europeos a mermar la dependencia de combustibles de origen fósil. La masa de arbolado que comienza a plantarse en las áreas agrícolas más rentables de la provincia leonesa se explotará además como balsa de absorción del CO2, otro yacimiento económico que entra en las previsiones de rentabilidad que las empresas promotoras de la producción y la transformación de la biomasa.

León se ofrece como paradigma del sector agroenergético: cuanta con cinco proyectos de generación industrial que están en fase de ejecución o a punto de iniciarse y un tamiz de tierras agrícolas replantadas con una clase de chopo modificado genéticamente para cambiar el paisaje agrario tradicional. Un cambio que afectará sin duda en los próximos años a la estructura agraria debido a que la búsqueda de superficie para la producción de biomasa se concentra ya en el entorno de las riberas y zonas dedicadas al regadío; incluso en los terrenos que ya están dotados de sistemas de riego a la demanda. También en esta consideración han reparado las empresas que buscan dotarse de materia prima para la incipiente forma de producción energética. Los cultivos leñosos asentados en zonas de modernización no precisarán ni de mano de obra para las tareas de riego en las épocas de estío.

El negocio aún está dedicado a ampliar las áreas repobladas con las especies que mejor rendimiento ofrecen a la hora de aportar biomasa a las centrales energéticas que van a comenzar a producir electricidad desde las riberas del Esla, la Bañeza y el entorno de León capital.

02/05/2011

Fuente: diariodeleon.es

Si hacemos un repaso de la situación de las reservas de energía fósil en el mundo, es evidente que nos vemos abocados a encontrar nuevas fuentes, renovables y lo más deslocalizadas posibles.

En este contexto, la energía de la biomasa es considerada como la más importante para el futuro a corto y medio plazo y como una alternativa para una “economía verde”. Es renovable, cada país tiene su propia reserva y tiene un enorme potencial. Los escenarios propuestos por la Agencia Internacional de la Energía, apuntan a que la bioenergía puede cubrir el 50% (500 Ej/año) de la energía primaria consumida en el mundo en 2050 (AIE Bioenegy, 2009).

Su uso supone una reducción importante de emisiones de gases de efecto invernadero, contribuye a la seguridad energética global, mejora la balanza comercial de los países, genera oportunidades para el desarrollo social y el desarrollo económico en las comunidades rurales, y mejora la gestión de los recursos ambientales y de los residuos industriales.

Lo atractivo de este reto es que siempre que hablamos de bioenergía arrastramos el concepto de lo "local" y de la generación de empleo rural. Un concepto relegado al olvido pero que en la tendencia actual de deflación global será prioritario.

Las tendencias mundiales en el uso de energía, el cambio climático y las necesidades en seguridad energética ponen de relieve la necesidad de hacer una rápida transición a un sistema de energía bajo en carbono, sostenible, eficiente y ambientalmente amigable. La búsqueda de alternativas energéticas que integren los recursos locales renovables es una de las principales preocupaciones de los gobiernos, científicos y empresarios de todo el mundo.

Las virtudes que hacen de la biomasa una alternativa energética real son múltiples:

• Es la cuarta mayor fuente de energía conocida hasta la fecha en la Tierra, después del carbón, petróleo y gas natural y uno de los recursos más comunes y extendidos en el mundo.
• Es la única renovable que puede sustituir a los combustibles fósiles en todos los mercados energéticos, porque permite producir calor, electricidad y biocarburantes líquidos.
• Tiene ventajas respecto a otras energías renovables porque es regulable en el tiempo y puede funcionar todas y cada una de las horas del año.
• Es la energía renovable más barata de producir (115 US$/MWh según EIA, 2009) y que mejores beneficios ambientales proporciona si se desarrolla de forma sostenible.

La biomasa es actualmente el mayor contribuyente global de energía renovable y su futuro desarrollo, si se gestiona de forma sostenible, proporcionaría:

• Mayor contribución en el abastecimiento de energía mundial primaria.
• Reducciones significativas de las emisiones de gases de efecto invernadero.
• Mejoras en la seguridad energética y la balanza comercial de los países, mediante la sustitución de importaciones de combustibles fósiles por biomasa doméstica.
• Oportunidades para el desarrollo económico y social en comunidades rurales.
• Mejora en la eficiencia de los procesos energéticos.

Existen muchas opciones para transformar la biomasa en energía y un importante número de nuevas tecnologías están en proceso avanzado de desarrollo que prometen altas eficiencias y mejoras ambientales.

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21/04/2011

Fuente: econoticias.com

España es el cuarto país con más extensión forestal de Europa y donde más ha aumentado la superficie verde en los últimos años. El panorama para el próximo medio siglo es esperanzador

La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) señala a España como el país europeo donde más aumentaron los bosques en los últimos años. El Inventario de daños forestales concluye que el 85% de los árboles estudiados presenta un aspecto saludable.

En pleno Año Internacional de los Bosques conviene recordar la valía de los bosques españoles.

Si se obvia la enormidad de Rusia (800 millones de hectáreas de bosque) y los monocultivos de coníferas de Suecia (28 millones de hectáreas) y Finlandia (22 millones de hectáreas), España emerge como líder en diversidad forestal con sus 18,5 millones de hectáreas en las que reparte encinas, pinos, hayas, robles, abetos y laurisilvas entre bosques atlánticos, mediterráneos, pirenaicos, canarios, dehesas y de ribera. Y la cosa podría ir mejor, ya que más de la mitad del territorio (27,5 millones de hectáreas) está declarado como forestal.

Sin llegar al grado de intervención industrial que denuncian los ecologistas, sí parece claro que las masas boscosas necesitan de la mano de hombres y mujeres para que crezcan de manera ordenada. El problema es que solo el 13% de la superficie forestal española cuenta con planes de gestión.

17/04/2011

Fuente: El País

Pese a la creencia popular, consumir papel contribuye a aumentar las hectáreas forestales del país y supone una vía para evitar el abandono rural.

Según ingenieros de montes e industria papelera consultados por EFEVerde, fabricar papel no implica destruir bosques, ya que sólo se usa madera de árboles plantados con ese fin específico (básicamente eucalipto y pino, especies de crecimiento rápido).

Existe, reconocen, un "déficit" de comunicación con la sociedad, pero la deforestación obedece, de forma generalizada, a la conversión de los bosques en tierras para la ganadería y la agricultura.

Además, la madera noble de bosques tropicales o primarios no puede emplearse "técnicamente" y desde el punto de vista ambiental y económico "carece de sentido", afirma el director general de la Asociación Española de Fabricantes de Pasta, Papel y Cartón (ASPAPEL), Carlos Reinoso.

Según el decano del Colegio de Ingenieros de Montes, Carlos del Álamo, "no hay que tener miedo a cortar los árboles", sino darles rentabilidad.

Si no se gastara papel, añade, podrían desaparecer las 400.000 hectáreas forestales destinadas a este fin, que además ayudan a mitigar el cambio climático dado que almacenan 50 millones de toneladas de dióxido de carbono (principal gas causante del efecto invernadero).

Las plantaciones forestales suponen casi el siete por ciento de la superficie arbolada total (unos 18 millones de hectáreas).

Esta superficie, según el responsable de ASPAPEL, es insuficiente para cubrir la demanda nacional y obliga a importar el 30 por ciento de la madera para fabricar papel (sobre todo de América Latina).

"La industria papelera quiere ser autosuficiente y generar toda la madera que precisa. No solo por una cuestión de competitividad, sino porque es una oportunidad perdida: el campo español necesita expectativas de generación de riqueza que eviten el abandono rural", añade Reinoso.

Las principales explotaciones forestales en España -la mayoría de pequeña extensión y en manos de muchos propietarios- están ubicadas en la cornisa cantábrica (Galicia, Asturias, País Vasco, Cantabria y una pequeña mancha en Huelva).

A consecuencia de la crisis, el sector papelero registró un importante descenso de su negocio, pero ha comenzado a repuntar en 2010 gracias a la venta de envases y embalaje.

En España, el 70 por ciento del papel que se consume es reciclado, pero en los últimos años el sector se encuentra con el problema de que mucho de lo aquí recuperado se vende a China.

Los ciudadanos españoles consumen 170 kilogramos de papel al año, lo que equivale, a más de seis millones de toneladas.

20/04/2011

Fuente: adn.es

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