Noticias

SE CONSERVAN GRACIAS A LOS CUIDADOS DE LA DIPUTACIÓN

En Bizkaia son cinco los árboles singulares que, tras décadas en pie, siguen destacando por su gran belleza gracias al trabajo que realiza la Diputación Foral de Bizkaia.Técnicos forales fumigan las ramas de la encina de Muxika, una de las joyas vegetales de Bizkaia, para eliminar los posibles hongos que se generan. (Foto: Oskar Martínez) MUXIKA

DICE un proverbio alemán que los árboles más viejos son los que dan los frutos más dulces. Son seres vivos, que crecen en silencio y sienten. Se sofocan cuando hace calor y se resfrían cuando las temperaturas son bajas. Sin rechistar, sus ramas han servido de resguardo a humanos y animales. Con su madera se ha mantenido encendido el fuego de los caseríos durante el invierno, y con el follaje se ha alimentado al ganado. Han aguantado rayos y centellas, así como kilos de fría nieve en sus ramas. Ahora les toca a ellos. Son mayores y necesitan de cuidados.

En Bizkaia son cinco los árboles singulares que, tras décadas en pie, siguen destacando por su gran belleza gracias al trabajo que realiza la Diputación Foral de Bizkaia. Son singulares aquellos ejemplares de árboles que por sus características extraordinarias o destacables -tamaño, edad, historia, belleza, situación- merecen una protección especial.

Son esculturas vivas. Inmensas. Joyas de la naturaleza que hacen las delicias de quienes se las encuentran en el camino. Contemplarlas es un lujo, pero hay que conocer dónde se ubican. En el territorio vizcaino se conservan algunas especies de gran interés: en Muxika y en Garai hay dos encinas centenarias, y en Artzentzales, un roble híbrido, una especie poco común en la Comunidad Autónoma Vasca. En la localidad vizcaina de Dima, en la zona conocida como Arimekorta se yergue un tejo, y en el municipio arratiarra de Area-tza, también da sombra otro, situado en Pagomakurre, en pleno Parque Natural de Gorbeia.

Son los guardas forales los que se encargan de llevar el control de estas auténticas esculturas gigantes. Periódicamente, los técnicos forales realizan un chequeo a estos árboles para conocer cuál es su situación y cómo se encuentran de salud. Son como médicos. Desde el tronco, hasta las ramas... Cada elemento es analizado y estudiado con minuciosidad para saber cuál es su estado real.

"Los controles no se hacen todas las semanas, pero al menos una o dos veces al mes se les echa un vistazo. La mayoría de estos ejemplares tienen hongos y han sufrido mucho. El peso de la nieve no les beneficia en nada. Las ramas se rompen y la edad afecta a todos los seres vivos, también a las especias arbóreas", explica Juan Carlos Pino, guarda en la zona de Busturialdea. Recientemente un equipo de técnicos han curado la encina de Muxika porque le habían detectado una enfermedad. Hace un par de semanas, Pino tomó muestras de la corteza para analizar de qué tipo es el hongo detectado y cuál puede ser el motivo de su aparición. "Los análisis se realizan en Derio. Se toma una muestra para saber cómo se encuentra el árbol y detectar de dónde procede la enfermedad y ponerle así cuanto antes remedio. Es un trabajo muy laborioso, costoso y que lleva mucho tiempo", explica Pino.

En la barriada de San Román de Muxika, en una encrucijada de caminos se eleva una estas piezas majestuosa, corpulenta y fuerte a los que se tenía que venerar.

PROTEGIDOS POR LEY

Una copa de 25 metros de vuelo

Es la encina de Urkieta, declarada árbol singular protegido por la Ley de Conservación de la Naturaleza del País Vasco. Su extremadamente ancha copa, de 25 metros de vuelo, tan característica y espectacular, proporciona protección a quien desea cobijarse bajo sus extensas ramas. "La poda de sus ramas ha potenciado su crecimiento en anchura, en detrimento de su altura", destaca Juan Carlos. Con la llegada de la primavera sus ramas se pueblan de verdes hojas y es casi imposible vislumbrar desde abajo un trocito de cielo. "Es un árbol inmenso", comenta. En la última revisión médica realizada a la encina de Muxika se han detectado heridas y grietas en el tronco y en las ramas que es necesario tratar para que no prosiga su deterioro.

Una encina puede llegar a vivir hasta 300 años, mientras que un tejo puede alcanzar los mil años. Para lograr que estos ejemplares se mantenga en pie y no terminen convirtiéndose en leña es fundamental la realización de estudios minuciosos. "De no haber sido por estos análisis y tratamientos este árbol no había alcanzado la edad que tiene", explica Pino. En el informe presentado por los técnicos forales, establecen como norma un programa de conservación, que permita adelantarse a la aparición de nuevos problemas y observar la evolución de los ya existentes. "Un descuido puede acabar con la vida del árbol. Sería una pena, por eso es recomendable vigilarlos y poner freno a los hongos que lo deterioran", indica.

Desde hace diez años la encina se beneficiado de varios tratamientos con cortar las ramas principales, para evitar la sobrecarga, curar con una resina especial algunas ramas perjudicadas. "Una de las zonas del árbol se había rellenado con espuma de poliuretano, pero en el interior del tronco se estaba generando demasiado calor y, con ello, los hongos se estaban propagando por la encina. Ante este problema decidimos retirar la espuma y tratar esa zona con una resina especial", añade.

En 2000, los fuertes vientos terminaron por romper una de sus cinco principales ramas. Para evitar que el tronco cargase con todo el peso, los guardas diseñaron una especie de caballete. "Se necesitaba una fórmula que sujetase con firmeza al árbol y no acabase en el suelo con el primer viento. Para ello colocamos un soporte de madera que soportase parte del peso", comenta el guarda forestal.

SANDRA ATUTXA

Deia 08/03/2010

Página 105 de 117

Suscribete a nuestro boletín
Acepto los terminos y condiciones