El sector forestal atraviesa en el País Vasco una situación muy preocupante ante la que no es posible mantenerse de brazos cruzados. Es imprescindible que adoptemos una actitud activa, porque sin duda nos encontramos ante un tiempo de cambios y es prioritario trabajar para poder mejorar nuestra actual posición en ese nuevo escenario.

El mercado forestal atraviesa una época de enorme incertidumbre, provocada por la crisis del sector, agravada por la recesión mundial y acrecentada por las consecuencias catastróficas del ciclón Klaus en los bosques de Aquitania.

No cabe duda de que estamos atravesando un bache muy profundo, pero lo que debemos tener meridianamente claro es que, cuando lo dejemos atrás, el panorama forestal va a ser muy diferente de lo que tradicionalmente hemos conocido. Cuanto antes visualicemos ese nuevo escenario, antes estaremos en disposición de remontar el vuelo. En consecuencia, nos encontramos en una fase crucial, en la que debemos apostar por las bases de lo que va a ser el sector forestal en el futuro. La crisis general no ha hecho sino poner de manifiesto la crisis estructural del mercado forestal en Euskadi, que venía lastrada –con honrosas excepciones- por la ausencia de innovación y de valor añadido en esta actividad. Por no mencionar el hecho de que nuestros mercados tradicionales cada día demandan menos madera.

Si este diagnóstico es certero, no cabe duda de que la solución debe pasar por medidas que busquen dos objetivos fundamentales: incrementar el consumo de nuestros productos, y ofrecer valor añadido a través de la innovación, un concepto que podemos definir de forma sencilla de la siguiente forma: aquello que imprime un valor superior a un producto, diferenciándolo de otros similares.

En este contexto, el sector energético supone una gran oportunidad para el conjunto de nuestro sector, como ha demostrado la experiencia en países como Suecia o Austria, que en su día adoptaron decisiones estratégicas en este sentido y hoy empiezan a recoger los frutos. Esperemos que los responsables de redactar políticas de futuro para este sector sepan interpretar las oportunidades que sin duda se nos presentan.

Finalmente, es precisamente en momentos como el actual cuando más requerimos de una actuación diligente por parte de las administraciones públicas. El número anterior de nuestra revista se abría con una noticia extraordinaria como fue el apoyo del Parlamento de Gasteiz al sector forestal y a la promoción del uso de madera. Al nuevo Gobierno Vasco le corresponde asumir como propia esta iniciativa que indudablemente conlleva dificultades para su aplicación, pero que al mismo tiempo es una medida con beneficios que sobrepasan con mucho al propio sector forestal y repercuten en toda la sociedad, en términos medioambientales y de sostenibilidad.