
Este descubrimiento puede suponer un cambio de paradigma en los planes de reforestación y conservación forestal, que hasta ahora sólo contemplaban la capacidad de los bosques para captar y almacenar dióxido de carbono (CO2), mientras que nada se sabía de su capacidad para absorber metano (CH4), al que la ciencia atribuye el 30 % del calentamiento global.
