En el curso de verano que hemos presentado junto a los de la USSE para este año, hemos trabajado temas de gran actualidad. Ha sido un curso multitudinario que ha tenido una gran acogida.
El cambio climático es un problema que debemos considerar como algo cambiante y crónico. Va a modificar nuestras condiciones de vida que en ningún escenario se contempla que puedan ser recuperables. Esto implica una necesidad urgente de actuar en la adaptación ante los cambios que nos acechan, y en la mitigación, tratando de que estos cambios sean lo más soportables y menos perjudiciales posibles.
La repercusión negativa del cambio climático afectará a nuestros bosques. Ya no podrán desarrollarse como lo estaban haciendo hasta ahora. Se encuentran en peligro tanto su desarrollo como su mera existencia. Sin embargo, la gestión forestal puede ayudar a que el impacto sea menor y a que puedan adaptarse a las nuevas circunstancias o adversidades. Por otro lado, los bosques también son el único sistema natural que se desarrolla sobre la tierra y en el que podemos ejercer una gestión notoria. Podemos dirigir los bosques y los elementos o servicios de los que nos proveen para que nos ayuden a mitigar los efectos del cambio climático.
En este objetivo de mitigación de los efectos del cambio climático y de la adaptación ante él, los mercados de carbono, están llamados a ser una importante solución al alcance de la sociedad. Tan es así que en estos momentos existe un gran interés en ellos. El problema es que, en muchas de las iniciativas, se están desarrollando ciertos mercados que no alcanzan las condiciones mínimas deseables y que pecan de una mala praxis. Ello está generando una desconfianza en todos ellos a la vez que un deterioro en los precios de mercado. Por ello, es importante desarrollar regulaciones y mecanismos de control que garanticen el buen hacer de quienes desarrollan sus mercados correctamente. El problema no radica tanto en el qué sino en el cómo.
En este sentido, un grupo multidisciplinar de diversas entidades de investigación y desarrollo tecnológico, junto a diferentes actores del sector forestal vasco han desarrollado un proyecto para implantar un mercado de carbono basado en la gestión forestal sostenible. Es un mercado voluntario, cuyos cálculos se desarrollan mediante herramientas basadas en procesos y que trata de evitar intermediarios, relacionando los posibles emisores con los posibles fijadores de carbono (propietarios y gestores forestales con empresas y entidades). Es un mercado que tratará de acoplarse al de la madera, válido para las condiciones específicas de Euskadi y que tendrá como herramienta principal la gestión forestal sostenible (intervenir sobre los bosques para generar una adicionalidad en la fijación de carbono). Todo el proceso estará verificado por un estándar propio ajustado a la casuística vasca. De esta manera, se pretende poder dar una respuesta válida a la reglamentación procedente de Europa y consolidarse como un sistema robusto, trasparente y fiable.

